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Carlos es padre de
dos hijos. Uno de ellos está estudiando medicina. Lo que más miedo
le da en el mundo es la herencia genética de esta cruel patología.
“Yo la heredé de un familiar alemán. Dicen que las personas que no
reciben sol en su infancia tienen más facilidad para sufrir EM. Mis
hijos son mi motor. No quiero ser una carga para ellos. He aguantado
hasta el máximo en mi casa. Tengo una cama especial, un sillón de
minusválidos, una moto adaptada y una grúa para cuando me tienen que
recoger del suelo. Pero ahora no puedo respirar, ni ir al baño”,
explica este valiente.
Todo empezó hace más de veinte años, pero la enfermedad ha
progresado rápidamente sin piedad. Según explican los neurólogos,
Carlos sufre esclerosis múltiple (EM). Una enfermedad que afecta a
la mielina, una sustancia grasa que rodea y aísla los nervios que
protege los nervios. Esta sustancia actúa como la cobertura de un
cable eléctrico y permite que los nervios trasmitan sus impulsos
rápidamente. La velocidad y eficiencia del modo en que se producen
estos impulsos permiten realizar movimientos coordinados con poco
esfuerzo consciente. Estos daños se pueden producir en la médula
espinal y en el cerebro y provocan la aparición de placas
escleróticas que impiden el funcionamiento normal de esas fibras
nerviosas.
Hasta un 5% de las
personas que sufren EM pueden sufrir Neuralgia del Trigémino. Ese ha
sido el caso de Carlos, pero lo superó con una valentía fuera de lo
normal. Llamó a sus amigos cuando ya estaba recuperado.
“Me sometí a tres intervenciones con un excelente neurocirujano. La
primera me duró dos años sólo. El año pasado, entré en el quirófano
de nuevo. Me realizaron una radiofrecuencia. El Neurocirujano me
intervino dos veces el mismo día. Con los ataques de trigémino rompí
varios barrotes de hierro. Creo que me operaron para que no rompiera
más camas. Ahora tengo la cara como un corcho pero los ataques han
remitido”, señala Mateo Sagasta sin perder una gota de humor.
Mi sueño sería entrar en la
Residencia para enfermos de Alicia Kloplowitz
Ahora Carlos solo pide un regalo para Reyes y para este año: Poder
acceder a la residencia de la Fundación Alicia Kloplowitz
especializada en la ayuda a estos enfermos. “Tratan a los enfermos
muy bien. Lo poco que me queda de vida quiero estar allí y vivir con
algo de dignidad. Pero conseguirlo parece imposible. Somos muchos
enfermos”. Otro de los problemas de Carlos es la Ley de Dependencia.
“Esa Ley me parece una mentira. Mis hijos presentaron los papeles en
febrero del 2010, y aún estamos esperando que venga algún
funcionario a evaluarme a casa. Cuando lleguen ya no estaré. Toda la
fisioterapia que recibo –que es imprescindible para mi- la pago de
mi bolsillo. España es una vergüenza de país para los enfermos. Solo
hace falta coger una silla y pasear por las calles, y eso que
vivimos en la capital”, comenta Carlos Mateo Sagasta.
Carlos, ¿Sabes qué eso depende de cada Comunidad Autónoma?
Anda, pues yo fui de los que apoyó a Doña Esperanza,…y llevo un año
sin esperanza.
La esperanza no la puedes perder Carlos. Lo que ayudas es más
importante que lo tienes. ¡Gracias por ser voluntario de nuestra
entidad
www.pacientesatm.com !
INFORMACIÓN ORIGINAL EXTRAÍDA DE:
http://www.noticiasmedicas.es/medicina/noticias/6384/1/Mi-mejor-regalo-seria-entrar-en-la-Residencia-de-la-Fundacion-Alicia-Kloplowitz/Page1.html
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